El nido vacio
036
035 El nido vacio Casa en Cabimas. Zulia. Venezuela. 2010
Este año en la facultad de cine y tv de la UNC, el profesor Jorge Villena me sugirió observar la generosidad de luz en la fotografía de Hugo Colace de una película argentina llamada “Nido vacío” dirigida por Daniel Burman.
Después de verla me di cuenta que me había estacionado en otra luz. La luz ausente del “ajeno-vacio” la que se cola por las hendiduras de una casa casi abandonada con las raíces inherentes de aquellos que sueltan una parte de si mismos y les duele no vivirlos. Gracias a Wikipedia me di cuenta que se trata de un síndrome social conocido comúnmente como “Soledad” y más tarde, gracias a la explicación de una amiga, entendí que existen programas espaciales contenidos en diseños arquitectónicos especialmente confeccionados en pro al usuario que se encuentre atrapado y padezca este síndrome. Hace un mes decidí visitar “el nido” y aquí estoy en un montón de cuartos vacios escuchando los pasos de Papa y los alaridos de viejos objetos agonizantes.
Parece una ley de vida que nos encierra; nacemos, mientras crecemos amamos y luego nos despedimos, quizás volvemos para luego irnos o nos vamos para algún día volver. Gracias Villena, Colace, Burman y a mis viejos, que siempre me esperan en su nidito.
Este año en la facultad de cine y tv de la UNC, el profesor Jorge Villena me sugirió observar la generosidad de luz en la fotografía de Hugo Colace de una película argentina llamada “Nido vacío” dirigida por Daniel Burman.
Después de verla me di cuenta que me había estacionado en otra luz. La luz ausente del “ajeno-vacio” la que se cola por las hendiduras de una casa casi abandonada con las raíces inherentes de aquellos que sueltan una parte de si mismos y les duele no vivirlos. Gracias a Wikipedia me di cuenta que se trata de un síndrome social conocido comúnmente como “Soledad” y más tarde, gracias a la explicación de una amiga, entendí que existen programas espaciales contenidos en diseños arquitectónicos especialmente confeccionados en pro al usuario que se encuentre atrapado y padezca este síndrome. Hace un mes decidí visitar “el nido” y aquí estoy en un montón de cuartos vacios escuchando los pasos de Papa y los alaridos de viejos objetos agonizantes.
Parece una ley de vida que nos encierra; nacemos, mientras crecemos amamos y luego nos despedimos, quizás volvemos para luego irnos o nos vamos para algún día volver. Gracias Villena, Colace, Burman y a mis viejos, que siempre me esperan en su nidito.